Hikikomori; quiénes son y porqué son más cada día

Hikikomori es un término de origen japonés que significa “estar recluido”, y cuyo uso se ha extendido en relación a una enfermedad que lleva a quien la padece a no querer salir de su habitación durante periodos muy prolongados de tiempo, rechazando cualquier tipo de contacto social.

hikikomori

Cuando hablamos de hikikomoris no debemos caer en la tentación de pensar que se trata de una chaladura que afecta a cuatro japoneses que acumulan toneladas de desperdicios en sus habitaciones mientras juegan on-line y observan sin descanso películas anime. Se trata de un problema que afecta, según estimaciones, a entre 1 y 3 millones de japoneses (según el grado de afección), en su mayoría varones entre 15 y 40 años, que se prolonga durante una media de más de tres años (aunque en muchos casos supera las décadas y se extiende de forma indefinida en el tiempo) y que condiciona sus vidas de una forma aplastante, acotándola a los escasos metros cuadrados de sus habitaciones.

El término “hikikomori” surge en el año 1986, a raíz de un estudio publicado por Norihiko Kitao, y se refiere convencionalmente a aquellos que se aíslan de todo (o casi todo) contacto social durante un periodo de al menos 6 meses. Al respecto, hay que aclarar que el hikikomori no se recluye de forma absoluta en su habitación; es capaz de salir esporádicamente de la misma, preferiblemente de madrugada, para obtener los “suministros” que necesite y no pueda obtener por otra vía (determinados alimentos, por ejemplo), evitando, eso sí, en la medida de lo posible, el contacto social. No se trata, pues, de un caso masivo de agorafobia; el hikikomori podría salir de su refugio si quisiera, pero sólo lo hace si tiene un buen motivo para ello.

El fenómeno hikikomori ha venido siendo explicando habitualmente en base a condicionamientos sociales muy propios de la peculiar cultura japonesa: una tradición marcadamente familiar que presiona a los hijos para conseguir logros, tanto académicos como laborales, en un marco de enorme competitividad y auténtica claustrofobia social.

Así, aquellos jóvenes que no pueden cumplir con las expectativas de sus progenitores y el resto de la sociedad, tienden a aislarse como respuesta ante un mundo que no sólo les resulta hostil y les recuerda continuamente su “fracaso”, sino que, además, los avergüenza (los conceptos de honor, orgullo y vergüenza son esenciales en la cultura japonesa). Eso era así, al menos en los orígenes del fenómeno. Ahora, también existen otros factores.

En la actualidad existen elementos de influencia más reciente que generan numerosas “hornadas” de hikikomoris; las nuevas tecnologías, los ordenadores, las videoconsolas, internet…

El hikikomori ya no sólo se recluye porque sienta fobia social, temor al fracaso y vergüenza; en muchos casos, simplemente no encuentra ninguna satisfacción saliendo de su habitación. Allí tiene todo lo que necesita; puede obtener toneladas de ocio, realizar compras, satisfacer sus necesidades sexuales e incluso socializar (sin obligarse a hacerlo cara a cara), sin necesidad de pisar la calle, y con frecuencia de un modo mucho más económico. A veces, incluso hasta podrá ganarse la vida sin salir de casa. Simplemente, hoy, ser hikikomori es más fácil que nunca.

Sin que esto pretenda ser una crítica a la cultura japonesa, la verdad es que, observando ciertas costumbres niponas, no debe sorprender que algunas personas opten por convertirse en hikikomoris y que el fenómeno se haya desarrollado de forma masiva en dicho país.

Tenemos por ejemplo el factor de las interminables jornadas laborales, que se extienden en algunos casos hasta las 78 horas semanales. Hasta tal punto se trata de una práctica arraigada en Japón que se ha creado creado un término (Karoshi) para referirse al aumento de la tasa de muertes ocasionadas por el exceso de horas trabajadas.

Las profundas relaciones entre la tecnología y el mundo del trabajo, aquí

O las terribles aglomeraciones, que obligan a situaciones grotescas como que en el metro de Tokio existan funcionarios que se dedican a empujar a los usuarios hacia el interior de los atestados vagones para que se puedan cerrar las puertas de los trenes.

Esté o no justificada la actitud de los hikikomoris, lo cierto es que este problema alcanza en Japón un carácter de auténtico drama social por el enorme número de nipones, habitualmente muy jóvenes, que optan por el hikikomorismo como modo de vida, hasta tal punto que existan cientos de centros a lo largo del país dedicados a tratar el trastorno, e incluso empresas especializadas en “tumbar puertas” de habitaciones y sacar a los afectados de su refugio aunque sea por la fuerza (práctica que no sé hasta qué punto será muy legal, por cierto).

Y lo cierto es que no es previsible que el número de hikikomoris descienda; todo lo contrario. Conforme nuevas tecnologías, como la realidad virtual, vayan alcanzando un mayor grado de desarrollo, y conforme el precio de los productos básicos se siga abaratando y la economía on-line continúe creciendo, es previsible que muchas personas opten por abandonar definitivamente las calles para recluirse en sus habitaciones. ¿Será entonces el hikikomorismo la regla?

En cualquier caso, y para los que piensen que el problema se acota a la cultura japonesa, ya os adelanto que se trata de un fenómeno que empieza a extenderse rápidamente por todo el mundo. De ello hablaremos en próximos artículos.

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4 pensamientos en “Hikikomori; quiénes son y porqué son más cada día

  1. Interesante artículo.

    Antes se consideraba que los Hikikomori era algo que solo pasaba en Japón y que era secundario a depresión, fobia social y a otros cuadros clínicos…Pos va a ser:

    …Que no suele ser secundario a patología.

    http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/20531124

    …Y que no es algo exclusivo de Japón.

    http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/24869848

    http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/25303955

    Voy a crear una empresa de esas de “Tumbar puertas” que puede ser el negocio del futuro.

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  2. Uno de los artículos más completos y certeros que he leído acerca del mundo de los hikikomoris. Sobre el tema de si el “hikikomorismo” se está adentrando en las sociedades occidentales, no hay más que mirar a nuestro alrededor. ¿Es que no estamos muchos la mayor parte del día enganchados a internet? Puede que no lleguemos al extremo de algunas personas que se encierran en sus habitaciones y no salen en días, pero nos acercamos. ¿Y qué decir de la adicción a los teléfonos móviles? Eso es algo así como llevarse el “hikikomorismo” con uno mismo… Y cuando llegue la realidad virtual, veréis…

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  3. La mayoría de los que estamos leyendo este artículo, en uno o en otro sentido, somos hikikomoris. Hay una generación entera girando al hikikomorismo, y eso no sale en los medios, pero es así, se hable de ello o no. Y en un país como España, con un paro devastador entre la gente joven, con mucho tiempo y pocas cosas que hacer fuera de internet, mucho más aún.

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