La fábrica de lechugas

¿Es posible producir medio millón de lechugas al día en una sola fábrica y casi sin intervención de ningún trabajador?

Tal vez no deberíamos preguntarnos si es posible, ni siquiera cuándo lo será, sino cuáles serán las consecuencias de tal desarrollo de dicha tecnología y otras que conseguirán que el ser humano tenga cada vez menos trabajo que hacer.

fabrica lechugas

La noticia la conocíamos hace unas semanas, vía Wall Street Journal. En la misma se nos informaba acerca de la próxima construcción de una fábrica en Japón, promovida por la empresa de Kyoto, Spread Co, que tendrá la capacidad de “fabricar” 30.000 lechugas al día en 2017, y que podría alcanzar las 500.000 unidades diarias alrededor de 2022.

Según la empresa, en su sistema ya están completamente automatizadas 4 de las 6 fases precisas para la obtención de la lechuga (sólo la plantación de la semilla y el control de la germinación precisan aún de la intervención de trabajadores humanos), y están en proceso de conseguir la automatización total.

Así las cosas, en unos meses la semilla será plantada, nutrida, controlada, transplantada, recolectada y empaquetada de una forma absolutamente automática.

El coste de construir y poner en funcionamiento la fábrica es caro, de unos 16 millones de euros, pero la empresa espera reducir los costes propios de la producción en un 50%, lo que a la larga supone un importantísimo ahorro; hay que tener en cuenta que el espacio requerido para la producción es muy inferior al tradicional -se cultiva “en vertical” y se utiliza iluminación LED para hacer crecer las lechugas-, y que el coste laboral se reducirá enormemente.

En Japón ya existen algunas fábricas que producen lechugas (en una cantidad inferior, alrededor de 10.000 diarias) utilizando tecnologías similares. Aquí tenéis un vídeo subido a Youtube por Fujitsu Japan en el que podéis ver una de ellas:

Esta no es más que una de las muchas noticas que nos advierten de una realidad que ya tenemos ante nuestros ojos: el ser humano está dejando de ser necesario para el proceso productivo.

¿Es un motivo para alegrarse o por el contrario lo es para preocuparse?

Probablemente lo sea para ambas cosas.

De un lado, noticias tales como la capacidad para producir alimentos de una forma tan masiva y “sencilla” tienen aspectos sin duda positivos; en países como Japón, en los que hay una enorme población que alimentar y una superficie para el cultivo más bien escasa, una fábrica de este tipo suena a bendición. Y qué decir si trasladamos este pensamiento a países asolados por el hambre; si nos fijamos en ellos, lo deseable sería que esta tecnología y similares llegaran y se expandieran lo más rápido posible.

De otro lado, es natural pensar en los agricultores; muy probablemente ellos no verán la introducción de este tipo de tecnología con tan buen ojos; ante noticias como estas, el miedo al paro toma la forma de una sombra muy alargada.

¿Qué hacer, entonces? ¿Se debe fomentar este tipo de tecnologías o por el contrario hay que limitarlas para evitar la pérdida de puestos de trabajo?

En mi opinión, la respuesta es clara: hay que fomentarlas, y al mismo tiempo conseguir que sus efectos reviertan positivamente en toda la ciudadanía.

O dicho de otro modo; hay que establecer medidas de protección social, reparto del trabajo y mejora de las condiciones laborales.

¿Qué sentido tiene que algunas -muchas- personas, se vean obligadas a trabajar 10 o 12 horas para mantener a su familia, mientras otras personas -muchas también- se ven excluidas del mercado laboral? La reducción de la jornada de trabajo está llamando a la puerta.

Lo cierto es que ya se están llevando a cabo algunas pruebas en tal sentido; por ejemplo, en la ciudad de Gotemburgo (Suecia) se ha promovido, desde inicios de 2015, un experimento consistente en una reducción de la jornada laboral para los trabajadores del Ayuntamiento de la ciudad hasta las 6 horas diarias. La prueba, al parecer, y según informa Goteborg Daily, estaría dando muy buenos resultados; los trabajadores implicados tendrían mejor estado anímico y mayor energía, y tendrían la posibilidad de disfrutar más de sus familias y de actividades de ocio.

¿Cuándo se extenderán estas prácticas hasta convertirse en la norma? Algunos países, como Francia, ya implementaron hace tiempo la jornada laboral de 35 horas, con resultados desiguales y muchísima polémica. Por el momento, no parece sencillo instaurar políticas de reducción de jornada a nivel normativo; suele haber muchos intereses encontrados y opiniones para todos los gustos, muchas veces sesgadas por ideologías arcaicas que viven en el pasado en lugar de mirar hacia el futuro.

Probablemente, como tantas otras veces, las cosas caerán por su propio peso y la realidad social irá por delante de la política y la legislación; fenómenos como el de los “minijobs” -también enormemente polémicos- indican que, tal vez, como afirmaba Bob Dylan los tiempos están cambiando“.

futuro

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